martes, 16 de marzo de 2010

Todo salvo la verdad



A propósito de los post de las últimos días, una cita que reafirma nuestro punto sobre la responsabilidad, el pasado y la libertad:

"No podemos cambiar en absoluto nuestro pasado ni anular los daños que nos hicieron en nuestra infancia. Pero nosotros sí podemos cambiar, repararnos, recuperar nuestra identidad perdida. Y podemos hacerlo en medida que decidamos observar más de cerca el saber almacenado en nuestro cuerpo sobre lo ocurrido en el pasado y aproximarlo a nuestra conciencia. Esta vía es, sin duda, incómoda, pero es la única que nos ofrece la posibilidad de abandonar por fin la cárcel invisible, y sin embargo, tan cruel, de la infancia, y dejar de ser víctimas inconscientes del pasado para convertirnos en seres responsables que conozcan su historia y vivan con ella.

La mayoría de la gente hace justo lo contrario. No quieren saber nada de su propia historia, y, por consiguiente, tampoco saben que en el fondo  se hallan constantemente determinados por ella, porque siguen viviendo en una situación infantil no resuelta y reprimida. No saben que temen y evitan peligros que en algún momento fueron reales, pero dejaron de existir hace mucho tiempo. Son personas que actúan impulsadas tanto por recuerdos insconscientes como por sentimientos y necesidades  reprimidas que, a menudo y mientras permanezcan inconscientes e inexplicadas, determinarán de forma perversa casi todo lo que hagan o dejen de hacer". 

Alice Miller, El drama del niño dotado y la búsqueda del verdadero yo. Tusquets. Pág. 15-16.

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