sábado, 27 de septiembre de 2008

Nunca has visto nada asi



Créditos iniciales de la película Paprika de Satoshi Kon. El tema se llama Mediational Field y es de Susumu Hirasawa ¿Y si pudieras entrar a tus sueños?

Los Elfos no conocen la magia


Durante mucho tiempo se ha creido que los Elfos son los seres más mágicos por antonomasia, poseedores de numerosas artes secretas y capaces de invocar fuerzas ocultas. Sin embargo un acercamiento riguroso y cuidadoso hacia las costumbres y tradiciones de los elfos nos revelarían importantes hechos acerca de su naturaleza "mágica".

Las historias que tenemos de los Elfos nos provienen de pueblos y lugares que poca o ninguna relación tuvieron con la cultura y vivencias de los Eldar, lo que favoreció en gran medida la aparición de leyendas, mitos y no pocas exagerada invenciones fruto del aislamiento adoptado por los Elfos en los últimos tiempos.

Existen varios pasajes donde se puede mostrar que el concepto que los Elfos tenían de magia distaba mucho de un ciencia oculta o un saber alquímico. Uno de estos pasajes está ilustrado en la imagen, cuando la Dama Galadriel pregunta a Frodo y Sam si desean mirar en el espejo y le dice a éste último:

"Pues esto es lo que tu gente llama magia, aunque no entiendo claramente qué quieren decir, y parece que usan la misma palabra para hablar de los engaños del enemigo. Pero esta, si quieres, es la magia de Galadriel. ¿No dijiste que querías ver la magia de los Elfos?"

La Comunidad del Anillo, II-7.

Aquí claramente podemos ver que la misma Galadriel desconoce el signficado de la palabra magia, al menos como la entienden los mortales, pero intuye que la usan para referirse hacia cosas complejas o torcidas, como los embustes de Sauron.

Más adelante volvemos a encontrar un pasaje similar ahora protagonizado por Pippin y un Elfo de Lothlórien a propósito de los mantos que le entregan a la Compañia:

" ¿Son mantos mágicos?- preguntó Pippin mirándolos con asombro. -No se a que te refieres, son vestiduras hermosas, y la tela es buena, pues ha sido tejida en este país. Son por cierto ropas élficas, si eso querías decir. Hoja y rama, agua y piedra: tienen el color y la belleza de todas las cosas que amamos a la luz del crepúsculo en Lórien, pues en todo lo que hacemos ponemos el pensamiento de todo lo que amamos."

Op. Cit. II-8

En este caso queda claramente mostrado que los Elfos han desarrollado, al paso de miles de años, una profundísima relación con su entorno y un conocimiento sistemático, complejo y vivo de la naturaleza, y de la vida misma, lo que los ha llevado a un uso mucho más racional de sus procesos, una verdadera ciencia. Este conocimiento a los ojos de culturas menos desarrolladas por supuesto que quedaría bajo el rótulo de "magia" que ocultaría el asombro, la desconfianza y la fascinación por las artes de los elfos, aplicadas en todos los aspectos de la vida.

La magia de los elfos es entonces un profundo conocimiento de la vida, lleno de amor y nostalgia. Los elfos difícilmente olvidan. La magia verdadera consiste en conocer los misterios de la vida y no en las vanas ilusiones que perseguimos pretendiendo dominarla y consumirla. La vida es más grande.


"

jueves, 25 de septiembre de 2008

Estoy destinado a grandes cosas



Estoy destinado a grandes cosas, pero no a las "grandes" cosas que impone la modernidad de hoy: dinero, posición y reconocimiento social, éxito económico. Estoy llamado a un éxito más modesto, pero más grande y personal: ser mejor persona, ser una buena persona, ser quien soy.

Esto me lleva por otros senderos; me hace necesitar otras cosas, otra gente, otras formas de pensar. Y es difícil, porque en ese camino no suele haber muchos otros viajeros, para hablar, pedir consejo, contemplar el paisaje o compartir las penurias del camino.

Mi ideal sería que en este camino que emprendo hubiera otro caminante, que si bien puede no tener un idéntico itinerario que el mío, quiera compartir y sentir conmigo las penas y alegrías del camino común, cada quien a su especial modo, pero al unísono como instrumentos en la sinfonía.

Pero hoy me queda claro que eso es difícil. Hay demasiado ruido, demasiadas voces ¿A quién hacerle caso? Incluso, a veces lo que hay es abandono y ahí la cuestión es que no hay a quien hacerle caso. Y en este camino tan particular en verdad que hay muchos momentos en los que uno puede llegar a desorientarse, incluso a confundir y desesperar. Ahí vimos que éste no era el camino de muchos y quedamos aún más pocos. Esto me llenó de ansiedad, de incertidumbre, incluso de amargura, pero cuando quise volver y andar por otro camino las cosas siguieron igual y me resultó notorio que debía regresar a mi camino, no por costumbre, ni comodidad, ni por pusilanimidad, ni por miedo a la pusilanimidad, sino por que ES mi propio camino.
Además, las promesas tranquilizadoras del consumismo me son cada vez menos tranquilizadoras y si cada vez más inquietantes. Siendo cada vez más claro que lo que me tranquiliza es la belleza, la nobleza, la sencillez, la espontánea alegría, la ternura inesperada que asoma en mi corazón al contacto con la inesperada ternura y alegría de los demás.

Este camino me ha dado tantos aprendizajes, la mayoría sin que yo me los propusiera, acaso si los necesitara. Hoy soy capaz de expresar claramente tales aprendizajes, pero considero que aún no puedo valorarlos en su justa dimensión y darles la importancia que tienen en mi persona y su estratégica idoneidad para el camino que sigo. Es parte de esas deliciosas agridulces sorpresas que tiene el camino de la vida.

Ahora, sin lugar a dudas, seguiré caminando, porque aún en medio de la confusión y el ruido, sigo escuchando tímida y quizás ingenuamente, el claro goteo de un manantial de vida, del ripique de una campana de esperanza, de un resplandor de fe.

Así de nuevo, en la búsqueda de rutas sin mapas ni brújulas, seguiré atenido a las más simples indicaciones, las que me identifican con mis ancestros y todos los grandes hombres que me precedieron en este mismo camino: la intuición, la honestidad, la inteligencia, la sensibilidad al llamado de mi corazón, seguir el camino de mis deseos y mis sueños.

Y seguiré esperanzado en encontrar a alguien cuyo camino lo nos acerque para vivir las penas y alegrías de la vida, el pensamiento, la belleza, el asombro del milagro del mundo; y con recogimiento y devoción entregarnos a la contemplación de la vida, y con valor y decisión a su disfrute y conservación. Ayudar a otros viajeros. A bailar el ritmo contundente con el que danza el universo y, en silencio, tomados de la mano, en el vaivén de nítidas miradas llenas de lucidez, tomar conciencia del profundo deseo de amar que nos emana de la parte más íntima del ser.

Ese es mi camino y hacia allá me dirijo, sigo adelante, siempre adelante, como ya dije alguna vez....
¿Ves por que no puedo cambiar de camino? Ahora, ¿Quieres venir conmigo?...

martes, 16 de septiembre de 2008

Inicia la Travesía


De este modo, en parte por los viajes de los barcos, en parte por la ciencia y la lectura de las estrellas, los reyes de los Hombres supieron que el mundo era en verdad redondo, y sin embargo aún se permitía a los que Eldar partieran y navegaran hacia el Antiguo Occidente y a Avallonë, si así lo querían. Por tanto, los sabios entre los Hombres decían que tenía que haber un Camino Recto, para aquellos a quienes se les permitiera descubrirlo. Y enseñaban que aunque el nuevo mundo estuviera torcido, el viejo camino y el sendero del recuerdo del Occidente todavía estaban allí, como si fuera un poderoso puente invisible que atravesara el aire del aliento y del vuelo (que eran curvos ahora, como el mundo), y cruzara el Ilmen, que ninguna carne puede cruzar sin asistencia, hasta llegar a Tol Eresëa, la Isla Solitaria, y quizás aún más allá, hasta Valinor, donde habitan todavía los Valar y observan el desarrollo de la historia del mundo.

Y cuentos y rumores nacieron a lo largo de las costas del mar acerca de marineros y Hombres abandonados en las aguas, que por algún destino o gracia o favor de los Valar habían visto como se hundía por debajo de ellos la faz del mundo, y de ese modo habían llegado al puerto de Avallónë, con lámparas que iluminaban los muelles, o en verdad a las últimas playas de Aman; y allí habían contemplado la Taniquetil, terrible y hermosa, antes de morir.

La Akallabeth,
J. R. R. Tolkien

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